No entiendo a mi querido Rafael Chaljub Mejía

Mi querido amigo y “camarada” Rafael Chaljub Mejía, hombre de temple y de principios acrisolados, a quien admiro por sobre todas las cosas, ha puesto el grito al cielo por el acuerdo firmado por la Junta Central Electoral (JCE) con la Organización de los Estados Americanos (OEA) para que esta última sea observadora oficial de los procesos electorales, municipales, congresuales y presidenciales, del próximo año 2020.
Se escandaliza el veterano y experimentado político de izquierda y califica la firma de “peligrosa decisión”, calificando a la OEA como un “engendro imperialista, creado en los mismos tiempos en que los norteamericanos crearon la CIA para la conspiración y el espionaje; al FMI, para el dominio económico, y numerosos tratados militares en Asia y en Europa”.
Chaljub, siendo coherente con su praxis revolucionaria, une su voz de protesta contra la OEA, a las de los que, como el doctor Juan Dionicio Rodríguez Restituyo, a nombre del Partido Frente Amplio; el doctor Ramón Antonio Veras y don Álvaro Arvelo, condenan la firma del JCE con quien consideran ser la “Madrina de todas las tiranías militares y gobiernos represivos del continente, cómplice de todas las agresiones y cuya balanza se inclina hacia donde marcaran los intereses de gran potencia de los Estados Unidos”.
Hasta ahí, todo va bien, puesto que el maestro Rafael Chaljub, reafirmando su coherencia, denuncia responsablemente los peligros que pudiera encerrar oficializar el que la OEA lleve la voz cantante en la certificación de la legalidad, transparencia y objetividad de los torneos electorales del 2020.
Lo que no entiendo es porque Chaljub Mejía no había denunciado los aprestos de Leonel Fernández y del Partido Revolucionario Moderno, quienes han clamado a la misma OEA, porque no hay otra, para que realice una auditoría forense a los equipos del voto electrónico y envíe sus observadores al país.
Tanto Leonel como el PRM, aliados al Frente Amplio de matricula “izquierdista revolucionario”, han clamado de manera insistente a la OEA y a otros estamentos del “Imperio”para que vengan al país, y Chaljub no se dio por enterado.
Los discípulos de Chaljub se han sentado a la mesa de negociaciones con los responsables de la invasión militar de 1965, los Wessin, y con los líderes de la famosa banda colorá anticomunista de los 12 años, los Vinchos y con el mas entreguista de todos los presidentes que ha tenido la democracia dominicana en toda su historia, el Dominico-Americano Leonel Fernández, y nada, mi amigo Chaljub no se escandalizó.
De Chaljub y de doña Dulce, su distinguida compañera de toda la vida, aprendí algunos principios que aun gravitan en mi modo de proceder, a pesar de los años que median desde mi separación de la organización en la que compartimos por años, en la primera mitad de mi juventud.
Yo coincido con la preocupación manifestada por Rafael Chaljub, yo he sido coherente y he denunciado que el problema electoral dominicano no es de competencia de la OEA ni de ningún organismo extranjero, ni de las organizaciones de las llamadas “Sociedad Civil” como Participación Ciudadana o la Finjus, instancias de dudosa financiación que actúan como entidades de poder para la toma de decisiones en el país.
Es por ello que no entiendo al maestro y gran amigo, la OEA es mala cuando la junta recurre a ella, pero cuando lo hace Leonel y el PRM, Participación Ciudadana o la Finjus, grupos que ahora son aliados a los izquierdistas revolucionarios, es buena, no entiendo, de verdad, no entiendo.

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